10 santos que interceden por los enfermos y les dan esperanza en la enfermedad
Descubre la historia de 10 santos que cuidaron enfermos con heroica caridad y a quienes la Iglesia propone como intercesores en tiempos de enfermedad.
Cuando la enfermedad toca la puerta de un hogar, también surge la necesidad de encontrar fortaleza, esperanza y consuelo. Para los católicos, la oración a los santos no sustituye la confianza puesta en Dios, sino que expresa la certeza de que quienes ya gozan de la vida eterna pueden interceder por quienes atraviesan momentos de dolor, enfermedad o incertidumbre.
A lo largo de la historia de la Iglesia, numerosos santos dedicaron su vida a cuidar a los enfermos, especialmente durante epidemias y crisis sanitarias. Con su testimonio de caridad, entrega y misericordia, se convirtieron en modelos de servicio y hoy son invocados por quienes piden salud, alivio y fortaleza para enfrentar el sufrimiento.
Los santos intercesores de los enfermos gozan de la presencia de Dios y pueden interceder ante todas las peticiones. A continuación te damos a conocer algunos de los santos a los que los enfermos y sus familiares pueden encomendarse.
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Santa María de Jesús Sacramentado Venegas
Nacida en 1868 en Jalisco, México, prestó sus servicios como enfermera en un hospital de Guadalajara en tiempos de la persecución religiosa. Atendió por igual a soldados y perseguidos.
Fundó 16 casas para atender enfermos y ancianos a quienes, se dice, siempre cuidó como una verdadera madre. Su fortaleza la atribuía a que diario recibía la Sagrada Eucaristía.

San Cosme y San Damián
Eran dos hermanos gemelos de Arabia que practicaron la medicina y curaron a muchas personas. Son considerados patronos de los médicos católicos.
Se dice que no le cobraban a la gente pobre a la que daban atención médica, sino que a cambio pedían que les permitieran hablarles, por unos minutos, de Jesucristo y de su Evangelio.

Santa Gala de Roma
Se casó con un noble y quedó viuda antes de cumplir el primer año de vida matrimonial; fundó un convento y un hospital cerca de la Basílica de San Pedro, donde pasó el resto de sus días.
La tradición cuenta que unos ángeles le llevaron una imagen de la Virgen, que fue clave para contrarrestar epidemias.

Santa Gertrudis de Nivelles
Fue la primera abadesa de Nivelles, Bélgica. Se dice que con sus oraciones acabó con una plaga de ratas y así salvó la cosecha de los campesinos. A ella se le invoca contra este mal y por eso también se le conoce como la patrona de los gatos.
El culto de santa Gertrudis se extendió desde Nivelles por toda Europa y se le considera la patrona de viajeros y peregrinos.

San Carlos Borromeo
Siendo obispo de Milán, Italia, atendió personalmente a los enfermos y moribundos de la larga epidemia de peste de 1576.
En vida, san Carlos fundó 740 escuelas de catecismo con 3 mil catequistas y 40 mil alumnos. Asimismo, fundó seis seminarios y sus reglas fueron copiadas por muchos obispos de la época.

San Martín de Porres
Nació en 1579. Fue el primer santo mulato de América y en vida fue reconocido por ser un fraile dominico humilde y servicial. Aprendió la herbolaria, a la que añadió la prédica, la fe y la esperanza. Se distinguió por atender enfermos.
Se dice que, momentos antes de ser llamado a la casa del Padre, solicitó a sus hermanos religiosos recitar en voz alta el credo, minutos después, falleció.

Santa Teresa de los Andes
Nació en Chile en el 1900 y murió a los 19 años. Fue una carmelita descalza y se destacó por prestar sus servicios para ayudar a enfermos durante una epidemia.
Llevaba once meses en el convento cuando murió de de tifus y difteria a los 19 años. Antes de fallecer, profesó como religiosa carmelita in articulo mortis.

Juan Bautista de Rossi
Originario de Voltaggio, Italia, entre los siglos XVII y XVIII llevó a cabo un trabajo pastoral muy destacado en los hospitales y en las cárceles.
A pesar de su epilepsia y una enfermedad de los ojos, realizó trabajos en beneficio de los pobres de la ciudad. Se dice que solía improvisar un sermón en las plazuelas de Roma.
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San Juan Grande Román
Nació en 1546 en Sevilla, España. A los 19 años de edad, se trasladó a la ciudad de Jerez, donde atendía a los presos y a otros enfermos convalecientes e incurables.
En enero de 1574 hubo una grave epidemia en Jerez a quienes él atendía en las calles. Posteriormente, decidió fundar su propio hospital, lo llamó Nuestra Señora de la Candelaria.

Padre Damián de Molokai
Nació en Bélgica. Siendo novicio de los Padres de los Sagrados Corazones de Jesús y María fue enviado como misionero a Hawaii, donde fue ordenado sacerdote. En 1873 en la isla se desató una epidemia de lepra en la isla de Molokai, Hawaii. Él decidió atender a los enfermos y consagrar su vida a ellos. Murió de lepra el 15 de abril de 1889.
San Juan Pablo II en 1994 lo declaró patrono de quienes trabajan por los enfermos de lepra. Mahatma Gandhi hizo referencia a la obra y el trabajo del padre Damián, a quien se refirió como una inspiración para sus campañas sociales en India.

Su ejemplo inspira a servir con amor
La vida de estos santos recuerda que la enfermedad no solo requiere atención médica, sino también cercanía, compasión y esperanza. Su ejemplo inspira a médicos, enfermeros, cuidadores y familiares a servir con amor a quienes atraviesan momentos de fragilidad, siguiendo el mandato de Cristo de atender a los más necesitados.
La Iglesia enseña que los santos son amigos e intercesores que presentan nuestras súplicas ante Dios. Encomendarnos a ellos no significa apartar la mirada del Señor, sino caminar junto a quienes vivieron el Evangelio de manera heroica y que, desde el cielo, continúan acompañando con su oración a todos los enfermos y a quienes velan por su cuidado.
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