A 100 años de la Guerra Cristera: la libertad religiosa sigue siendo el mayor legado de quienes defendieron su fe
La aplicación de la llamada Ley Calles desencadenó uno de los episodios más complejos de la historia de México: la Guerra Cristera. Te explicamos cómo comenzó este conflicto y qué consecuencias dejó para la Iglesia y la sociedad.
Aunque la Guerra Cristera terminó hace casi un siglo, quienes preservan la memoria de este episodio histórico consideran que su legado continúa vigente. Para la Guardia Nacional Cristera, integrada principalmente por descendientes de quienes participaron en el movimiento armado entre 1926 y 1929, la principal herencia de aquella lucha es la libertad religiosa de la que hoy gozan los mexicanos.
“Como una consecuencia de la Cristiada que tuvo lugar entre 1926 y 1929, México ahora goza de mayor libertad religiosa y de culto”, aseguró José Alfredo Guadalupe Jiménez Martín, jefe nacional de la Guardia Nacional Cristera.
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¿Qué fue la Guerra Cristera?

La Cristiada fue un conflicto armado que se desarrolló entre 1926 y 1929, tras la aplicación de la llamada Ley Calles, que restringía severamente la libertad religiosa y el ejercicio del culto público en México.
Aunque la jerarquía de la Iglesia no promovió el levantamiento armado, dejó en libertad a los fieles para decidir cómo defender el derecho a vivir y manifestar su fe.
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Los templos cerraron durante casi tres años

Uno de los momentos más difíciles de la persecución religiosa ocurrió el 31 de julio de 1926, cuando los templos católicos suspendieron el culto público como respuesta a la entrada en vigor de la llamada Ley Calles, la cual imponía severas restricciones a la vida religiosa y no garantizaba la seguridad de sacerdotes y fieles.
Los templos permanecieron cerrados hasta el 21 de junio de 1929, cuando comenzaron a reabrirse tras los acuerdos alcanzados entre la Iglesia y el gobierno federal.
Finalmente, en 1929, el gobierno y la Iglesia alcanzaron una serie de acuerdos que permitieron restablecer el culto público y poner fin al conflicto.
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Los mártires que aún esperan ser reconocidos

Jiménez Martín también expresó su confianza en que, además de san Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros mártires, así como el grupo de 13 beatos reconocidos en Guadalajara, otros hombres y mujeres que entregaron su vida durante la persecución religiosa puedan ser elevados a los altares en los próximos años.
Durante la Cristiada, recordó, todos los obispos mexicanos permanecieron exiliados en Estados Unidos, con excepción de san Rafael Guízar y Valencia. Se estima que el conflicto dejó alrededor de 250 mil personas fallecidas, entre combatientes y población civil.
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Un movimiento para mantener viva la memoria

La Guardia Nacional Cristera reúne principalmente a familias originarias de los Altos de Jalisco y del Bajío, regiones donde el movimiento tuvo una fuerte presencia. No obstante, también cuenta con integrantes que actualmente viven en Estados Unidos.
Cada año, explicó Jiménez Martín, la agrupación organiza cabalgatas, peregrinaciones y diversas actividades cívico-religiosas para recordar el sacrificio de quienes participaron en la Cristiada.
“La Guardia Nacional Cristera organiza cabalgatas, peregrinaciones y otros eventos cívico-religiosos, principalmente hacia el Monumento a Cristo Rey, en Silao, Guanajuato, así como a la Basílica de Guadalupe y otros santuarios de importancia, sobre todo durante noviembre”, señaló.
Un testimonio vivo de la Cristiada
José Alfredo Guadalupe Jiménez Martín nació en 1931, apenas dos años después de los acuerdos que pusieron fin al conflicto. Sobrino de combatientes cristeros, ha dedicado buena parte de su vida a preservar la memoria de aquella generación.
Actualmente resguarda más de 300 horas de grabaciones con testimonios de hombres y mujeres que participaron directamente en la Guerra Cristera, un acervo que, explicó, permanece disponible para investigadores interesados en profundizar en este episodio de la historia de México.
Una historia que no debe olvidarse
A casi cien años del inicio de la Cristiada, la Guardia Nacional Cristera considera que recordar este episodio no busca reabrir heridas, sino valorar una libertad que hoy puede parecer cotidiana: la posibilidad de profesar la fe sin persecución.
Las peregrinaciones, cabalgatas y actos conmemorativos que realizan cada año buscan transmitir a las nuevas generaciones la memoria de quienes defendieron sus convicciones religiosas en uno de los periodos más complejos de la historia contemporánea de México.


